Nunca te lo dije
pero puedo volar
si la situación lo amerita.

Volar por los aires cual ave
y posarme donde yo quiera
para poder pensar igual de libre.

Es ahora que me encuentro
sentado en la luna
cuando me pongo a pensar sobre ti,
sobre esa palabra que me dijiste.

"Adiós"...
Nunca me habías dicho adiós...

Siempre terminábamos el día con un "hasta mañana",
pero nunca con un adiós,
nunca con una palabra tan fulminante
que trajera tanto significado implícito
como lo es el "adiós".

Me di cuenta que después de esta frase,
los momentos comenzaron a desaparecer
cual pompas de jabón que deciden irse
de la existencia al más mínimo contacto.

Sentado en la luna pude ver que tal vez
mi imagen no estaba ahí cuando pensabas,
así como la tuya estaba en mi cabeza
cada mañana al despertar.

Iniciaste una dinámica donde yo no iba a estar.

Muchas voces pueden decirme lo usual,
que fue un error y que debo estar acostumbrado,
pero hay veces que uno debe saltar el abismo
para llegar al otro lado.
Nunca hay que quedarse esperando.

Ahora que estoy aquí
sentado en la luna,
puedo voltear a ver tu imagen
y guardarla en mi cabeza,
en ese departamento de amores perdidos
que debería depurar porque se esta saturando.

Ahora que estoy sentado
guardando tu imagen puedo observar,
que la luna es un buen lugar para llorar.


Tal vez sea un gran atrevimiento de mi parte, pero he empezado a pensar que de alguna manera soy la última persona que pensarías que quiere que lo escuches.

Tengo una queja que darte, dios.

Quisiera que me dijeras por qué permitiste que todo llegara a este punto donde la ideas más básicas de comportamiento y convivencia se convirtieron en lucha de poderes y concurso de "a ver quien es más...".

Nos hiciste a tu imagen y semejanza pero lograste evadir toda responsabilidad a con tus hijos con el libre albedrío, excusa perfecta para no interceder en los cambios tan radicales que tu rebaño a generado internamente. Buscando quién es mejor que el otro, destruyendo y reconstruyendo los indicadores de bienestar, salud, imagen, belleza y amor.

Tu viste como los cambiaban y no hiciste nada.

También dejaste que tus hijos más convencidos en tu existencia librarán una batalla de enseñanza religiosa en contra de todo aquel que no creyera en tu nombre o simplemente te llamara con otro nombre, olvidando aquella regla que un día nos diste: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Cuando para ellos las reglas que diste se convierten en simples sugerencias para su estilo de vida, optan por atacar a quien creen que esta ofendiendo tu nombre o su fe sin antes hacer lo más lógico que es investigar por que piensa así y tratar de entender su mensaje.

Quiero quejarme contigo porque sería buena idea que nos dieras una pista de a que venimos a este mundo material porque muchos lo dejan al sentirse frustrados e inútiles, porque las cosas simplemente no funcionan y algunos de tu rebaño se encargan de destruir sueños.

Se que no es tu culpa, que los cambios fueron hechos por nosotros para nuestra conveniencia y para esa moral dual a la que estamos tan acostumbrados hoy en día.

Entiende que mi queja es simplemente porque no tengo a nadie con quien hablar, porque para todos soy útil pero a la vez soy nada, una herramienta para pasar los problemas.

Tal vez me escuches o tal vez no, pero esto lo hago porque no tengo quien lo haga, optando mejor por hablar contigo...