Estas a punto de dormir pero al acostarte en tu cama tienes un presentimiento de que algo no esta bien, algo esta fallando. Vencida por el cansancio, te dispones a dormir. Cierras tus ojos y con el tiempo empiezas a soñar.

Abres los ojos y te encuentras en una película blanco y negro del la época de los gangsters en Estados Unidos. Vas en un automóvil viendo por la ventana puedes observar que las personas se quedan estáticas al ver tu auto pasar.

Ves tu ropa. Traes puesto un vestido negro largo acompañado de unos tacones rojos y un collar largo de perlas. Ves tus manos y están cubiertas por unos guantes blancos que te cubren el antebrazo.

El automóvil se detiene frente a la entrada de un gran salón. Se abre la puerta y bajas tranquilamente, como si ya supieras la rutina. Entras y todos te saludan respetuosamente. Un mesero se acerca y te pide lo acompañes a la mesa. Tu accedes pero en la recepción ves algo raro: un pequeño muñeco de lona cafe con dos cruces como ojos y una boca en linea, cosida como si fuera una cicatriz de alguna operación. Por algún extraño motivo sientes que te ve a los ojos.

Caminas entre un mar de sonrisas que te reciben en tu camino a la mesa y ves a tu novio vestido con un tuxedo negro y unos zapatos blanco con negro. Se te acerca y te da un beso en la mejilla. “Te tomaste tu tiempo, la banda no iba a empezar sin ti...” te dice tranquilo, mientras las demás personas volteaban a ver un poco nerviosas. “Ya sabes mi amor, me gustan las grandes entradas” le contestas mientras le guiñes y sonríes. Ya sentada, tu novio voltea a ver a la banda y dice “¿qué están esperando?”. Con esa simple pregunta, el maestro voltea rápidamente y comienza a dar órdenes para que la banda empiece.

La velada esta avanzando perfectamente con buena música y buena cena; hasta que un una mesa frente a ti volviste a ver sentado a ese pequeño muñequito de lona. Cuando lo ves, una persona se acerca a tu novio para decirle algo al oído, algo que le quita la sonrisa. “Regreso en un momento, debo hablar con una persona en la cocina.” te dice mientras te da un beso en la mejilla, retirándose con 3 hombres que lo acompañaron a su destino.

Volteas de nuevo a la mesa de enfrente y el pequeño muñeco desapareció. Pasa el tiempo y lejos de pensar porqué tu novio tarda tanto en la cocina, cuando ves a un mesero entrar a la cocina con el muñeco colgando de su bolsa, como si fuera un llavero.

La curiosidad te esta matando y decides ir a la cocina. Una de las personas que se quedaron paradas cerca de la mesa observa tu decisión y se acerca a ti. “Disculpe señorita, pero por favor quédese en la mesa. No es buena ida ir hacia allá” te dice mientas volteaba varias veces hacia la cocina. Volteas con una mirada seria y le preguntas “¿tu me vas a detener?” Ante esto, el hombre simplemente baja la mirada y se hace a un lado.

Caminas hacia la puerta y al pasarla, ves a tu novio sentado fumando un cigarro mientras un grupo de hombres golpean a alguien repetidas veces ves al mesero con el muñequito y este te sonríe de manera extraña, bizarra. Alejas tu vista de la sonrisa del mesero y puedes observar a quien están golpeando: a mi.

“¿Por qué no caíste en el round que te dije?” me pregunta tu novio.
“Porque necesitaba el dinero...” contesto balbuceando un poco.
“Y ahora le acabas de quitar el sustento a tu esposa y a tus tres hijas. Todo por ser tan nec...” no termina cuando lo interrumpo.

“Muchachos, ¿dónde están sus modales?, tenemos visitas...” terminando escupo sangre.

Todos voltean a ver y agachan la cabeza, pero tu novio camina hacia ti molesto. “¡¡¡Te dije que te quedaras en la mesa!!!” te grita. “Bueno muchachos...” digo mientas me pongo de pie, saco un cigarro de mi bolsillo y lo prendo, “... creo que será mejor que nos marchemos. la situación es un poco... incomoda.” digo sonriendo y no puedo evitar soltar una carcajada.

Tu novio voltea a verme y camina hacia mi, soltando un puñetazo que casi me derriba, logrando que mi cigarro se caiga. “¡¡¡Basta!!!” gritas mientras los hombres hacen una barrera frente a ti. “No te preocupes, estoy acostumbrado. Aunque he de reconocer que tu novio tiene buen golpe. Mi hija menor me pega igual cuando esta jugando conmigo” digo sonriendo, cosa que no hace tu novio. Uno de los hombres saca una soga de su abrigo y se la da a tu novio. “Siempre tan hablador...” me dice mientras los otros dos hombres me sujetan y me llevan fuera. Afuera, tu novio avienta la soga a una borde de metal que sobresale del techo. Los hombres me derriban al suelo. Tu novio pone la soga alrededor de mi cuello y se la da a el otro hombre para que este la amarre a la defensa trasera de un automóvil. Con una cara de terror, comienzo a decir “Esto es una pesadilla, esto es una pesadilla... no puede estar pasando, esto es una pesadilla...”. Con una seña, el conductor enciende el carro y avanza lentamente, tensando la cuerda y levantándome poco a poco.

“Basta...” murmuras.

El auto avanza más y más levantándome unos centímetros del suelo, cuando de la nada avanza rápidamente subiéndome de golpe dos metros.

“¡¡¡Bájenlo!!!” gritas desesperada pero tu mirada cambia cuando volteas a ver al pequeño muñeco asomándose por la ventana trasera del automóvil.

Te levantas. Es de mañana y te das cuenta que todo fue una pesadilla. Feliz de que todo era un sueño, te bañas, te cambias, desayunas un poco. Camino al trabajo recuerdas que yo estaba en el sueño y decides comprar un café para mi, para contarme tu extraño sueño.

Llegas a la oficina y te diriges hacia tu cubículo. Me ves de reojo y comienzas “Hola, buenos días. No vas a creer la pesadilla tan horrible que tuve...”.

“Lo sé..” te digo sin voltear a ver.

“¿Cómo que lo sabes?” Me preguntas y volteas a verme, sintiendo un frío que recorre tu espalda al ver que arriba de mi monitor esta ese pequeño muñeco de lona cafe con dos cruces como ojos y una boca en linea, cosida como si fuera una cicatriz de alguna operación.

Volteo a verte y sueltas el café al ver una cicatriz de quemadura en mi cuello.

“Lo sé... estuve ahí...”
Te encuentras esperando el camión con un grupo de gente a la cual ves todos los días a esa hora. Tus compañeros de viaje, los compañeros de tu rutina. Sentada, revisas por enésima vez la blusa blanca y esa falda azul que tanto te gusta, buscas imperfecciones que no hay.

Volteas a tu alrededor y ves que aunque el clima es perfecto: un día soleado acompañado de ráfagas de aire fresco que estabilizan el calor. Corrientes de aire que al pasar hacen que cierres ligeramente los ojos y esboces una sonrisa.

Volteas a un lado y vez estudiantes semi-dormidos, señores con traje listos para trabajar y un joven que se nota que es la primera vez que usa traje, nervioso saca un cigarro, lo ve, voltea a su alrededor y lo guarda. Pero el otro lado es diferente, al otro lado solamente ves a una pareja de ancianos.

El camión parece tardar horas y todos se están impacientando. Entre el murmullo, escuchas a la anciana decir "¿este chofer cree que tenemos su tiempo?". Dulcemente el señor le sonríe y le contesta "hay que ser amigos del tiempo, no sus esclavos".

Ahí es cuando algo parece no encajar y buscas en tu mochila un libro, un libro que haz leído tantas veces que perdiste la cuenta. Entre todas las cosas, lo encuentras: un libro viejo, re-empastado hace mucho tiempo. Revisas las notas que tu misma te dejaste por si un día se necesitaban. Y ahí esta, la misma frase que un señor aleatoriamente ha dicho.

Te acercas con el libro en la mano, temerosa pero con esa duda que quieres resolver.

"Disculpe..." dices con un poco de miedo y ese temor se multiplica al ver la cara de la anciana que no esta de humor.

"¿Usted ha leído este libro?" le preguntas al anciano, "escuché que dijo una frase que me pareció familiar y recordé que la había leído en este libro."

El anciano toma el libro y va a la portada. Sonríe y voltea a ver a su esposa que cambió su expresión de enfado a una pequeña sonrisa de ternura.

"Yo pensé que nadie se iba a interesar en este libro..." dice con cierta extrañeza.

"¿Usted conoce el libro?" preguntas.

"Claro, yo lo escribí" contesta el viejo viendo a tus ojos.

"¿Podría firmarlo? Sé que suena tonto pero..." dices con nerviosismo que se calma cuando el señor mueve su cabeza en afirmación.

Entre tu emoción, ves que todos comienzan a pararse, buen momento para que el camión llegue.

"¿Te vas en este, niña?" te dice la señora.

"No, espero otra ruta" contestas con cierta tristeza.

"Otro día nos veremos, y podremos platicar más" dice el señor mientras lentamente se mueve hacia el camión. La señora te sonríe y camina a ayudar a su esposo en una simple tarea que para ellos es un gran trabajo.

Observas como el camión parte en medio de humo y volteas a ver tu libro. Lo abres y el mundo parece detenerse...

"Para una auténtica amiga del tiempo, que se detiene a observar con el, el movimiento de este río, al que nosotros llamamos vida... Sigue así, sigue enseñando al tiempo."
Eres el último ser humano en la tierra, todos han desaparecido de la faz del planeta. Estas sólo, viendo cada día los periódicos almacenados que muestran las posibles causas de este apocalipsis al cual sólo sobreviviste tu. No hay más que hacer y lo único que te mantiene en una rutina es sentarte a ver el televisor que sólo muestra estática.

Te levantas otro día más. Vas al baño para lavarte la cara y descubres que ya no hay agua. Caminas entre hojas, basura, fragmentos de muebles que se destruyeron en la búsqueda de material reutilizable.

Entras a la cocina y te das cuenta que los alimentos y el agua esta escaseando. No va a durar para esta semana.

Te sientas en tu sala y prendes el televisor que presenta esa estática que has visto los últimos días. Ves un punto en la estática, uno que al parecer no cambia. Quedas hipnotizado por ese error en la dinámica que presenta la señal del televisor.

Pasa lo inevitable. Después de perder la corriente de agua, pierdes la corriente eléctrica.

Sentado en tu sillón, te llevas las manos a los ojos y comienzas a llorar. No hay más, todo esta desapareciendo.

De repente... alguien toca a tu puerta...