Te encuentras esperando el camión con un grupo de gente a la cual ves todos los días a esa hora. Tus compañeros de viaje, los compañeros de tu rutina. Sentada, revisas por enésima vez la blusa blanca y esa falda azul que tanto te gusta, buscas imperfecciones que no hay.
Volteas a tu alrededor y ves que aunque el clima es perfecto: un día soleado acompañado de ráfagas de aire fresco que estabilizan el calor. Corrientes de aire que al pasar hacen que cierres ligeramente los ojos y esboces una sonrisa.
Volteas a un lado y vez estudiantes semi-dormidos, señores con traje listos para trabajar y un joven que se nota que es la primera vez que usa traje, nervioso saca un cigarro, lo ve, voltea a su alrededor y lo guarda. Pero el otro lado es diferente, al otro lado solamente ves a una pareja de ancianos.
El camión parece tardar horas y todos se están impacientando. Entre el murmullo, escuchas a la anciana decir "¿este chofer cree que tenemos su tiempo?". Dulcemente el señor le sonríe y le contesta "hay que ser amigos del tiempo, no sus esclavos".
Ahí es cuando algo parece no encajar y buscas en tu mochila un libro, un libro que haz leído tantas veces que perdiste la cuenta. Entre todas las cosas, lo encuentras: un libro viejo, re-empastado hace mucho tiempo. Revisas las notas que tu misma te dejaste por si un día se necesitaban. Y ahí esta, la misma frase que un señor aleatoriamente ha dicho.
Te acercas con el libro en la mano, temerosa pero con esa duda que quieres resolver.
"Disculpe..." dices con un poco de miedo y ese temor se multiplica al ver la cara de la anciana que no esta de humor.
"¿Usted ha leído este libro?" le preguntas al anciano, "escuché que dijo una frase que me pareció familiar y recordé que la había leído en este libro."
El anciano toma el libro y va a la portada. Sonríe y voltea a ver a su esposa que cambió su expresión de enfado a una pequeña sonrisa de ternura.
"Yo pensé que nadie se iba a interesar en este libro..." dice con cierta extrañeza.
"¿Usted conoce el libro?" preguntas.
"Claro, yo lo escribí" contesta el viejo viendo a tus ojos.
"¿Podría firmarlo? Sé que suena tonto pero..." dices con nerviosismo que se calma cuando el señor mueve su cabeza en afirmación.
Entre tu emoción, ves que todos comienzan a pararse, buen momento para que el camión llegue.
"¿Te vas en este, niña?" te dice la señora.
"No, espero otra ruta" contestas con cierta tristeza.
"Otro día nos veremos, y podremos platicar más" dice el señor mientras lentamente se mueve hacia el camión. La señora te sonríe y camina a ayudar a su esposo en una simple tarea que para ellos es un gran trabajo.
Observas como el camión parte en medio de humo y volteas a ver tu libro. Lo abres y el mundo parece detenerse...
"Para una auténtica amiga del tiempo, que se detiene a observar con el, el movimiento de este río, al que nosotros llamamos vida... Sigue así, sigue enseñando al tiempo."
Volteas a tu alrededor y ves que aunque el clima es perfecto: un día soleado acompañado de ráfagas de aire fresco que estabilizan el calor. Corrientes de aire que al pasar hacen que cierres ligeramente los ojos y esboces una sonrisa.
Volteas a un lado y vez estudiantes semi-dormidos, señores con traje listos para trabajar y un joven que se nota que es la primera vez que usa traje, nervioso saca un cigarro, lo ve, voltea a su alrededor y lo guarda. Pero el otro lado es diferente, al otro lado solamente ves a una pareja de ancianos.
El camión parece tardar horas y todos se están impacientando. Entre el murmullo, escuchas a la anciana decir "¿este chofer cree que tenemos su tiempo?". Dulcemente el señor le sonríe y le contesta "hay que ser amigos del tiempo, no sus esclavos".
Ahí es cuando algo parece no encajar y buscas en tu mochila un libro, un libro que haz leído tantas veces que perdiste la cuenta. Entre todas las cosas, lo encuentras: un libro viejo, re-empastado hace mucho tiempo. Revisas las notas que tu misma te dejaste por si un día se necesitaban. Y ahí esta, la misma frase que un señor aleatoriamente ha dicho.
Te acercas con el libro en la mano, temerosa pero con esa duda que quieres resolver.
"Disculpe..." dices con un poco de miedo y ese temor se multiplica al ver la cara de la anciana que no esta de humor.
"¿Usted ha leído este libro?" le preguntas al anciano, "escuché que dijo una frase que me pareció familiar y recordé que la había leído en este libro."
El anciano toma el libro y va a la portada. Sonríe y voltea a ver a su esposa que cambió su expresión de enfado a una pequeña sonrisa de ternura.
"Yo pensé que nadie se iba a interesar en este libro..." dice con cierta extrañeza.
"¿Usted conoce el libro?" preguntas.
"Claro, yo lo escribí" contesta el viejo viendo a tus ojos.
"¿Podría firmarlo? Sé que suena tonto pero..." dices con nerviosismo que se calma cuando el señor mueve su cabeza en afirmación.
Entre tu emoción, ves que todos comienzan a pararse, buen momento para que el camión llegue.
"¿Te vas en este, niña?" te dice la señora.
"No, espero otra ruta" contestas con cierta tristeza.
"Otro día nos veremos, y podremos platicar más" dice el señor mientras lentamente se mueve hacia el camión. La señora te sonríe y camina a ayudar a su esposo en una simple tarea que para ellos es un gran trabajo.
Observas como el camión parte en medio de humo y volteas a ver tu libro. Lo abres y el mundo parece detenerse...
"Para una auténtica amiga del tiempo, que se detiene a observar con el, el movimiento de este río, al que nosotros llamamos vida... Sigue así, sigue enseñando al tiempo."

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