Conforme he vivido, he escuchado una y otra vez la misma frase “¿Qué le ves a esos jueguitos?”.  Yo contestaba inmediatamente que me divertían. Hoy, doy una respuesta casi idéntica pero con más argumentos.

            Es algo común el conocer ciertos elementos de nuestra sociedad pero a veces desconocemos lo que existe dentro de estos, su dinámica, su filosofía, sus normas o lo que lo motiva a hacer o no hacer alguna actividad.

            En este caso hablaré sobre la compañía japonesa Nintendo. Un nombre que es conocido y en ocasiones mal utilizado, como el termino Karate para distinguir cualquier arte marcial, algo que muchos de nuestros padres hicieron o siguen haciendo. Nintendo inició como una compañía de entretenimiento que fue convirtiendo cada uno de sus partes al entretenimiento digital. Dentro de sus consolas, podíamos vivir grandes historias que a pesar de su poca calidad visual, impedida por su época, nos emocionaba en cada uno de sus retos que se presentaban con diferentes nombres, desde King Koopa hasta Drácula.

            Conforme fui creciendo, me fui envolviendo en otras consolas pero nunca deje en el olvido a aquellas que me enseñaron a usar mis sentidos en forma lúdica. Pero también comencé a conocer quienes estaban dentro de este negocio.

            Con el tiempo, Nintendo entró en una época negra en la industria, siendo resagado por las consolas de Sony y de Microsoft, y puesta en el olvido por los desarrolladores de videojuegos. Con el miedo de terminar con la misma suerte que Atari, un joven programador dedicó su esfuerzo a defender lo que el creyó su hogar.  Dejando la idea de que el “jefe” de una empresa se sienta a hacer negocios, Iwata-san comenzó a ser parte de el proceso de diseño y elaboración de los videojuegos, inspirando confianza entre sus empleados y explicando el por qué de sus negativas. Siempre con una sonrisa, Iwata-san caminaba entre sus empleados, inspirándolos y siendo un líder que exigía pero también defendía a las personas a su cargo. 

            Sus logros no sólo fueron vistos por sus colaboradores y fans, sino también por su competencia directa a los cuales trataba como amigos.  Ellos veían que su pasión, su creatividad y su liderazgo elevaron la industria del entretenimiento electrónico, sacándolo de la idea del “juego infantil” hasta lo que vemos hoy en día: un arte.

            Aún frente a los fracasos, Iwata-san nos enseñaba que los sueños pueden fallar pero no en su totalidad, sólo debemos tomar otro camino y caminar el mismo de forma diferente. 

Adaptarse, innovar, creer en uno mismo, ser humilde en la derrota y en el triunfo, divertirse haciendo nuestro trabajo, defender nuestros ideales, saber explicar, no pensar en el ridículo, liderar con el ejemplo, explotar nuestros talentos, arriesgarse… esos son pequeñas ideas que Iwata-san deja en mi.

Un día, recibí muchas criticas por algunos planes a futuro que decidí piner en marcha. Decidí que debería ser como los demás y convertirme en algo que la mayoría de las personas que me rodeaban creían que fuera útil o beneficioso monetariamente. Sin más en mi mente, me senté para buscar empleo por internet pero lo primero que encontré fue una frase de Iwata-san:

On my business card, I am a corporate president. In my mind, I am a game developer. But in my heart, I am a gamer.