Ensayo sobre Carlos Hank González
Fragmento de La terca memoria

“Pensé (…) que podríamos ser amigos”. Yo pensé que si comía lechuga, mis ojos se harían verdes. Estas dos oraciones tienen el mismo valor de realidad, aunque muy a su manera. Cada día que, al leer información sobre el periodismo, me doy cuenta que el periodista es el más dañado en su vida. Aún con satisfacciones personales al encontrar la verdad en la sociedad y mostrársela a la misma, no se puede estar a salvo del dragón de 7 cabezas (política, seguridad, educación, empresarios, salud, transportes y narcotráfico) que se traga a pedazos a México: la corrupción. ¿Cómo empezar a explicar?, ¿cómo darte cuenta y no decir nada?, ¿cómo no ser victima? Cuando termine de leer, la historia que más me asusto (impactar es un verbo que no le hace justicia al sentimiento de repulsión que siento) fue la primera, la del gran empresario, la de Carlos Hank González. El comienzo me recordó mucho las navidades de la SEP: el desfile de canastas navideñas, la lluvia de llamadas deseando lo mejor pero sin olvidar ese hermoso detalle de decirme al final de las alabanzas “entonces, ¿con quien tuve el gusto?”. Los detalles lo son todo, el tener contactos es lo bueno; pero el hacerlo de manera industrial ya es convertirte en el tiburón que trata de sobornar al pescador. Veamos los regalos de Hank: una camioneta ultimo modelo en navidad, un ultimo modelo de cuatro puertas, chamarras, arreglos, adornos, un biombo y una cantina orientales, equipo para jugar béisbol…. ¿que le habrá faltado escribir? No olvidemos que estamos hablando de que esos regalos son a Julio Scherer García, el cual no es un simple reportero o un simple periodista, era director del Excelsior y de Proceso. Y los regalos no eran de un empresario común y corriente, sino de un llamado prototipo del político-empresario. Aquí es donde me doy cuenta de algo: ¿porque el puede ser político- empresario yo no puedo ser periodista-persona? ¿Por qué se sigue el pensamiento de que el periodista es un buitre de información que son importar que la victima no este completamente muerta, este se avienta al ataque? Si, ¿Por qué el periodista sale perdiendo? Ganas credibilidad pero pierdes humanidad. Te conviertes en el malo de la historia. Me identifique con las frases que se mencionan:

Criticas ácidas: ¿Qué critica no lo es? ¿Por qué cuando lo dice alguien con poder o dinero (casi casi lo mismo) es algo malo? Un día, un general de Saddam Hussein le dio un consejo no deseado, Saddam le ordeno ponerse de pie y le disparo seis veces. Creo que ya todos sabemos que a nadie le gusta ser criticado y cuanto más grande sea uno, menos gusta.

Frente a la noticia y la amistad, escogía la noticia: Cruce de caminos. La amistad no me da de comer. La noticia no me da su amistad. Pero un autentico amigo entendería que tienes que dar la noticia. ¿Acaso un empresario que esta expandiendo su empresa, no construye en una pequeña área, porque en esa área esta su amigo de la infancia vendiendo paletas? No, el abarca en su totalidad esa área. Pero se esta expandiendo y así es la chamba ¿no?

Frente al periodismo no conocía límite ni escrúpulo: ¿Qué es escrúpulo para ti? Un juicio de conciencia te exige respetar lo que te enseñaron pero nunca te dirá que es lo que tienes que decir y que no debes decir. Otra vez pasamos a la pregunta ¿Por qué nosotros si? Aunque por naturaleza, la verdad es nuestro sirviente y no nuestro amo, el periodismo te lleva a servirle a la verdad, pero todos tienen una idea diferente de límite así como una idea diferente de escrúpulo.

Vendería a su madre por la de ocho columnas: Ted Turner, el presidente de CNN, solo dijo una frase al despedir a una persona que destruía su trabajo, que no servia en su posición, el engrane que trababa a la maquina. “Estas jodido”. Esa fue la frase. La persona quien despedía era su hijo. Creo que esto explica por si solo mi punto de vista ¿no creen? Pero aun así lo diré en una sola frase: mi fin justifica mis medios.

Ahora me siento como Alicia en el País de las Maravillas. Vi al conejo blanco y lo seguí. Me aventure y caí por el agujero de conejo pero me asusta la caída porque no se donde me va a llevar ni como me va a transformar. Pido de manera egoísta que mis amigos no se vuelvan famosos o exitosos para no hablar de ellos. Para seguir teniéndolos a mi lado y no en mi contra. Porque al final son humanos y yo me estoy convirtiendo en periodista. Pido que no se vuelvan depredadores y así no tener que escribir sus nombres. Pero es así, es por esto que se deshumaniza al periodista, es por esto que se le trata de comprar, es por esto que se le trata de amenazar.

Así como no quiero que mis amigos se conviertan en un ejercito de Hanks, yo no quiero convertirme en un Scherer, no quiero ser un paladín de la justicia y la verdad cuando me convenga, no quiero publicar noticias solo para ganar gente, tampoco quiero ser un idiota que al mero estilo de niño gritando “¡mira mamá, sin manos!” me aviente a un callejón sin salida. En realidad no se que quiero, no se en que me quiero convertir. Para empezar, no se nada de política y muy poco de periodismo. Pero me doy cuenta que la sociedad tiende a alejar a el periodista de esta misma y tiende a manejarse con cuidado cuando ve a alguno. Después de pensar eso, hay algo que me da miedo: sigo cayendo en el agujero del conejo… y me esta gustando.