Servicentro a llegado a ser catalogado como “el Audi de los que tienen varo” por sus precios altos y por las personas que llegan ahí.

A mi me tocó ir cuando Servicentro estaba en Servicentro, no al lado de Plaza Fiesta Camelinas. Se ponía el sábado y el Audi el domingo, por lo que hacías el 1- 2: si no encontrabas algo en Servicentro, lo buscabas en el Audi.

Ahora, entras por un gran estacionamiento que siempre está lleno, con sus respectivos “viene- viene”, no sin antes pasar por los perritos en venta (ahí compré a mi Golden). Caminas y ves la entrada y salida de jóvenes con diferentes gustos.

Ese día voy con mi hermano, deportista de medio tiempo cuyo sentido de moda se divide entre el “con esto estoy cómodo” y el “que tengo a la mano”. Va con un short rojo de básquetbol, una playera gris con el símbolo del Imperio de Star Wars y unos guaraches de color kaki.

Entramos por uno de los portones y vemos a un grupo de chavos que platican sobre la noche de ayer. Pantalones de mezclilla entallados, tenis Converse, playeras negras y azules. El que más platicaba traía una mascada en el cuello. Platicaba sobre como sus papás estaban enojadísimos con él porque llegó tarde. Seguimos en el recorrido.

Camino por los pasillos, pasando por lo básico: videojuegos, películas, anime, música y esos chicharrones que venden cerca de los lentes, en el segundo módulo. Acompañados de un refresco, camino hacia las bancas que están en el centro del primer módulo. Veo a unos jóvenes jugando Yu-gi-ho, los cuales me recuerdan cuando nos juntábamos a jugar Magic: the gathering, Vampiro: la mascarada o jugábamos algo de rol como Calabozos y Dragones.

Veo que esos juegos siguen uniendo a la gente. No importa nada más que el juego, el divertirse. Me interrumpe el pensamiento, un chavo fresa que se ríe de los que juegan y se burla. Dejo de decir cosas cuando la mayoría de la gente nos le quedamos viendo. Veo a un amigo roquero que me saluda de abrazo y me dice enojado que “es tonto que ellos piensen que estamos en sus territorios”.

Pensé en las cartas. Hay diferentes. Puedes castear a un emo tranquilo, a un metalero con carácter, a un rockero con mucho que decir, a un deportista que quiere estar cómodo, a un punk que compra pins, a un dark que está sentado fumando, a un gótico que no ve a la gente, pero agarra la mano de su novia o a un fresa lucido.

Salgo y veo a algunos skaters siendo regañados porque no se permite estar en la patineta: gastas la banqueta.

Ahí es cuando me doy cuenta que la caricatura, el poder está en las cartas. El poder está en cada persona para no necesitar un juego para hablar con otras personas. Todo está en las cartas. Todo está en nosotros. Si hay de todo, ¿Por qué llevarnos mal?