Siendo uno de los puntos de encuentro más grandes de Morelia, el clásico mercado del Auditorio ha sido un lugar de compra- venta con mayor uso por parte de los jóvenes que viven en la ciudad.
En sus venas ves diferentes cosas, entre ellas, como diferentes tipos de personas se encuentran sin problemas por elementos en común: pantalones, zapatos, tennis, playeras, accesorios en general.
Caminas sin darte cuenta, luchando por pasar entre la bola de gente que al igual que tú, anda buscando algo.
Pasas por diferentes puntos: en los pantalones encuentras a un chavo punk al lado de un emo que, sin darse cuenta, compran el mismo tipo de pantalón. Las rayas de su ropa solo cambian de tonalidad, rojo y negro contra rosa y negro.
Los zapatos, herramienta básica para que la gente te identifique. Buscando unas botas que me gusten, encuentro que los metaleros tenemos los mismos gustos que los punks, los emos y los góticos. Ahí sí encontré algo raro: en un punto, esa chava con la cara blanca, un pelo negro cual la noche y liso, nos veía sorprendida cuando le dirigí la palabra al compañero emo: “disculpa hermano, ¿Me puedes alcanzar esos converse?”
Nadie lo creía. Ese chavo grande, metalero, con lentes para ver, con marcas de piercings en la cara, marcas de golpes que han pasado con el tiempo, una playera de Harley Davidson con las mangas levantadas por el calor, pero dejando que se vean los tatuajes; pide de buena manera a otro chavo muy diferente a él.
Después de ver eso, sonrío, pregunto el precio y los dejó porque mi dinero no era el suficiente. Camino hacia los militares. Tranquilo, veo como la gente se alegra sin importar quién está pasando por tu lado. Caminando por los “pasillos” del gran Auditorio preocupados por lo que necesitan conseguir y no por quién esta su lado.
Me encuentro en una encrucijada (donde los caminos se hacen cruz, no un problema). Volteo hacia todos lados buscando a mi mamá (¿Creías que por ser metalero no salgo con mi madre?), y me veo en un punto donde lo puedo ver todo: todo tipo de tribu conocida junto con aquellos que no conoces, viendo videojuegos, ropa, zapatos, comiendo un menudo, unos tacos, escuchando y moviéndose con la música. Sonrió y recuerdo la primera vez que un amigo me dijo donde conseguir música de Transmetal. “Necesitas ir a un lugar donde haya de todo, como en el Audi”.
Sí, hay de todo, no sólo cosas, sino personas.
En sus venas ves diferentes cosas, entre ellas, como diferentes tipos de personas se encuentran sin problemas por elementos en común: pantalones, zapatos, tennis, playeras, accesorios en general.
Caminas sin darte cuenta, luchando por pasar entre la bola de gente que al igual que tú, anda buscando algo.
Pasas por diferentes puntos: en los pantalones encuentras a un chavo punk al lado de un emo que, sin darse cuenta, compran el mismo tipo de pantalón. Las rayas de su ropa solo cambian de tonalidad, rojo y negro contra rosa y negro.
Los zapatos, herramienta básica para que la gente te identifique. Buscando unas botas que me gusten, encuentro que los metaleros tenemos los mismos gustos que los punks, los emos y los góticos. Ahí sí encontré algo raro: en un punto, esa chava con la cara blanca, un pelo negro cual la noche y liso, nos veía sorprendida cuando le dirigí la palabra al compañero emo: “disculpa hermano, ¿Me puedes alcanzar esos converse?”
Nadie lo creía. Ese chavo grande, metalero, con lentes para ver, con marcas de piercings en la cara, marcas de golpes que han pasado con el tiempo, una playera de Harley Davidson con las mangas levantadas por el calor, pero dejando que se vean los tatuajes; pide de buena manera a otro chavo muy diferente a él.
Después de ver eso, sonrío, pregunto el precio y los dejó porque mi dinero no era el suficiente. Camino hacia los militares. Tranquilo, veo como la gente se alegra sin importar quién está pasando por tu lado. Caminando por los “pasillos” del gran Auditorio preocupados por lo que necesitan conseguir y no por quién esta su lado.
Me encuentro en una encrucijada (donde los caminos se hacen cruz, no un problema). Volteo hacia todos lados buscando a mi mamá (¿Creías que por ser metalero no salgo con mi madre?), y me veo en un punto donde lo puedo ver todo: todo tipo de tribu conocida junto con aquellos que no conoces, viendo videojuegos, ropa, zapatos, comiendo un menudo, unos tacos, escuchando y moviéndose con la música. Sonrió y recuerdo la primera vez que un amigo me dijo donde conseguir música de Transmetal. “Necesitas ir a un lugar donde haya de todo, como en el Audi”.
Sí, hay de todo, no sólo cosas, sino personas.

Gracias a www.ondachevere.com por la imagen.
11:37 a. m. |
Category:
Cronica
|
0
comentarios

Comments (0)