Después de una semana agotadora, metido entre proyectos, tareas y una casi inexistente vida social; me dirijo hacia un fin de semana donde pienso descansar. Error.
Me acuesto y recuerdo que este fin debo chambear en las practicas profesionales. Medito sobre la semana, la tensión de la universidad, sobre mis amigos, mi novia, mi familia…
Llega una llamada de un amigo invitándome a un bar. Acepto gustoso pero cansado y le digo al Bipo (el bipolar de mi hermano) que se nos invito de manera cordialmente chida a un bar. El Bipo salta del sillón y me dice “vamonos pues”. En el bar le hablo a mi compañera de trabajo y no me contesta. Ni modo, tendré que ir más temprano.
Llego temprano al servicio y no hay nadie. Espero y veo a mi compañera llegar medio seria y me reclama que le haya llamado. Camino a la primera nota, me avisa de forma rara que me van a zarandear los patrones. Ni modo. Terminamos el día y paso a mi casa a descansar. Demonios, tengo tarea y un proyecto.
El siguiente día pasa sin complicaciones y medio me regañan, no fue zarandeada completa. Llego al cantón cansado y con hambre. Decido acostarme pero, como dijo La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, “el cansancio no me deja dormir”. Decido no cenar y checo mi correo en búsqueda de un pequeño gusto de recibir un correo (correo, no cadena) de alguien.
Escucho el clásico campaneo y la lucecita que avisa que alguien te esta hablando virtualmente. Es ella, mi adorada y querida novia. Nos saludamos y después de un rato me dice que siente que no es justa conmigo. Ahí es cuando sientes la primera piedrita en el hombro. Le pregunte que pasaba y después de rato me dijo que hay que hablar sobre lo que tenemos porque al parecer no existe. Volteas y ves que detrás de la piedrita viene la avalancha. Agüitado, cansado, sin dinero y sin cenar, me acuesto y pienso que muchas cosas no tienen caso.
Me levanto a las seis de la mañana porque quiso la naturaleza. En el baño escucho una televisión. Salgo y veo a mi madre acostada viendo la tele. Con alegría y orgullo me dice “estoy viendo tu nota”. Le sonrío y camino hacia mi cuarto. Tal vez las cosas si tienen un porque. Me acuesto en la cama y siento algo. ¡Mira!, un peso en mi cama. Tal vez, esta semana, la vida sea diferente.
Me acuesto y recuerdo que este fin debo chambear en las practicas profesionales. Medito sobre la semana, la tensión de la universidad, sobre mis amigos, mi novia, mi familia…
Llega una llamada de un amigo invitándome a un bar. Acepto gustoso pero cansado y le digo al Bipo (el bipolar de mi hermano) que se nos invito de manera cordialmente chida a un bar. El Bipo salta del sillón y me dice “vamonos pues”. En el bar le hablo a mi compañera de trabajo y no me contesta. Ni modo, tendré que ir más temprano.
Llego temprano al servicio y no hay nadie. Espero y veo a mi compañera llegar medio seria y me reclama que le haya llamado. Camino a la primera nota, me avisa de forma rara que me van a zarandear los patrones. Ni modo. Terminamos el día y paso a mi casa a descansar. Demonios, tengo tarea y un proyecto.
El siguiente día pasa sin complicaciones y medio me regañan, no fue zarandeada completa. Llego al cantón cansado y con hambre. Decido acostarme pero, como dijo La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, “el cansancio no me deja dormir”. Decido no cenar y checo mi correo en búsqueda de un pequeño gusto de recibir un correo (correo, no cadena) de alguien.
Escucho el clásico campaneo y la lucecita que avisa que alguien te esta hablando virtualmente. Es ella, mi adorada y querida novia. Nos saludamos y después de un rato me dice que siente que no es justa conmigo. Ahí es cuando sientes la primera piedrita en el hombro. Le pregunte que pasaba y después de rato me dijo que hay que hablar sobre lo que tenemos porque al parecer no existe. Volteas y ves que detrás de la piedrita viene la avalancha. Agüitado, cansado, sin dinero y sin cenar, me acuesto y pienso que muchas cosas no tienen caso.
Me levanto a las seis de la mañana porque quiso la naturaleza. En el baño escucho una televisión. Salgo y veo a mi madre acostada viendo la tele. Con alegría y orgullo me dice “estoy viendo tu nota”. Le sonrío y camino hacia mi cuarto. Tal vez las cosas si tienen un porque. Me acuesto en la cama y siento algo. ¡Mira!, un peso en mi cama. Tal vez, esta semana, la vida sea diferente.
8:35 p. m. |
Category:
Ensayos
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1 comentarios

Comments (1)
En mis infinitos y repetitivos reportes siempre es un placer tomarse un tiempo para leerte, de todo lo que te he leido -aunque conste que no he visto aun todo tu blog- esta es hasta ahora la que mas me ha gustado, no se por que, tiene ese "que se yo" que me agrada y me incita a continuar leyendo.
has mejorado notablemente; ¡En horabuena!
PD: El titulo realmente fue lo que capto mi atención