Muchas veces, al caminar hacia uno de esos lugares donde escapas de la realidad (en el buen sentido), nos encontramos con el argumento de siempre: “Naaaa, ¿vamos a ver esa? Pero ¡es mexicana!”.
Las películas son una representación de la realidad y el cine latinoamericano nos muestra esta realidad con diferentes filmes basados en este tema, pero discriminados por el sólo hecho de no ser comercial.
¿Cuántos sabemos de los festivales, ciclos o películas independientes de este tema? Pocos saben, muy pocos.
Uno de los lugares es el ciclo Toma Dos, resultado del pasado ciclo de cine Toma Uno. Es uno de los lugares donde se da a conocer este cine no comercial al que el mexicano común y corriente no asiste y le da la oportunidad a los “intelectuales de bolsillo”, a los “pensantes” o peor aún, a los que no tienen nada que hacer; la oportunidad de degustar películas porque según él, si le saben a eso.
A este ciclo, con sede en la gloriosa ciudad de Puebla, se le está dando una importante tarea: informar a la gente sobre los problemas de la migración. Un común denominador de estos filmes es que todas tienen premios y reconocimientos. Están bien hechas, pues.
Algo que debemos ver como un tema común hoy en día es la migración de toda Latinoamérica. Como ejemplos tenemos a Espiral, El viaje de Teo, 7 soles, Los que se quedan, Partes usadas y Los bastardos (¡oh! ¡Qué negro sentido del humor tiene el destino!). Otro de los que intenta dar su punto de vista y opinión al respecto es el señor Rigoberto Perezcano que con su filme Norteado nos demuestra un aspecto que, según he escuchado de extranjeros, es una gran característica del mexicano pobre… perdón, del pobre mexicano: el reírse de su desgracia.
Se ve cómo un inmigrante se enfrenta a diversos sentimientos, con una visión de su pasado y a las situaciones de una nueva ciudad, lo que provoca que adapte inteligentemente a las diversas situaciones de la vida. Un poco más de realidad.
No hay que olvidar a esos que vemos en nuestras ciudades, que hablan español pero de una manera rara, extraña, diferente. La migración no es Trademark de los mexicanos. Existe más gente que necesita pasar por México para buscar el sueño americano y hay algunos que ven en este pedacito de cielo que pisamos diario el mexican dream. No, no son futbolistas quemados en sus ligas que quieren ganarse la chuleta en nuestra gloriosa liga. Son los centro y sudamericanos que ven en México lo que muchos mexicanos no ven: una oportunidad.
A nosotros no nos va tan mal, no tenemos que quedar chido con los Maras para pasar, nosotros tenemos nuestros coyotitos que, según lo que sueltes, te pasan.
En Sin nombre, filme del californiano Cary Joji Fukunaga, muestra lo que todos mundo sabe: la banda se va sin nada más que su memoria y preguntando encuentran donde hay un lugar para pasar o lugares donde quedarse.
Con información así, digerida y mostrada en un formato donde tú te sientas cómodamente a ver y acompañado de un refrescote y tu botana favorita, ¿Cómo es posible que no lo veas? Te tengo una respuesta.
El mexicano común y corriente, piensa que para que ve la película si no va a entender. El que le sabe, piensa que el común y corriente no lo va a entender y explicárselo es muy complejo. El que hace la producción piensa que como sólo un pequeño grupo de personas lo va a ver, no tiene caso, aparte no hay donde mostrarlo. El que quiere hacer una producción piensa que esta medio caro meterle galleta a un filme y que nadie lo va a ver.
Propongo una solución fácil: ¡dejémonos de tonterías y comencemos a ver, apoyar y, ¿por qué no?, empezar a producir. Tenemos material para trabajar, podemos trabajar con calidad. ¿Para qué si no hay lugares donde mostrar, ver y analizar? ¡cómo no!, para muestra un botón: el Short Shorts Films Festival que culminó el pasado 3 de septiembre, presentó más de 200 cortometrajes de calidad.
Quien diga que no hay espacios para mostrar cine y documental mexicano, que se informe antes de tirar la primera piedra.
Amén