Nosotros los mexicanos tenemos un inmenso acerbo cultural, habiendo o no estudiado en una institución educativa.

Somos descendientes de esos grandes guerreros águila, de los guerreros jaguar, inteligentes como los sumos sacerdotes, de carácter fuerte como los emperadores que reinaron antes de que los españoles llegarán y, según la SEP, de la noche a la mañana el “hada mágica del mestizaje” pasara a cada una de las casas de la población.

Es broma, ellos no pusieron a esta hada, simplemente recortaron los años en los libros.

Hay algo cierto en la imagen que la mayoría de los países tienen de nosotros: somos algo flojos, despreocupados, bromistas, ingeniosos… es verdad, pero al ver las cifras, uno empieza a ver la realidad y también comienza a asustarse.

Existe diferentes aspectos de nuestra vida social diaria que nos impiden avanzar como la pobreza, la desigualdad, nuestro cáncer llamado delincuencia y nuestro mayor enemigo… el conformismo.

No hay ganas de hacer nada, y lo que se hace, termina siendo un fraude. Desde iniciativas que terminan siendo reality shows, programas de desarrollo social que por obra y gracia del espíritu santo, terminan siendo productoras de bienes para los que los aplicaron.

No puedes estar en una plática donde, si expones un proyecto de inversión, no escuches el clásico “pero te van a pedir que cooperes… y de los dos lados”. Triste, pero cierto.

Podemos hacernos tres preguntas obligadas:

1- ¿Esta el mexicano preparado para salir al mundo?

2- ¿Puede hacer algo para evitar salir al mundo y trabajar desde su país?

3- ¿Esta salida es para aprender y trascender o para escapar de nuestra realidad mexicana?

Con dolor en mi corazón, creo que escapar, terminará siendo una opción para poder trascender.