Comenzando la visita a uno de los lugares que más odio por mis experiencias de vida, era imperativo que fuera, no sólo por mi, sino para acompañar a mi madre.
Hay un gran sentimiento de desesperación que me llena al entrar al lugar, un silencio imperante, como si se tratará de el hecho de que todos saben que algo malo va a pasar.
Sentados en una hilera de sillas, esperando turno comienzan las miradas entre los que estamos sentados uno frente al otro. Viéndonos seriamente es raro que alguien te vea y te sonría. Parece una misión imposible, una misión prohibida.
Un lugar donde las personas tienden a estar serias despierta en mi la necesidad de platicar con alguien.
Volteo y veo a mi madre con la misma cara que todos. Se contagió. “¿te cuento un chiste?” le pregunto sin obtener respuesta. Me pongo los audífonos y tapea mi brazo, “bájale, te vas a quedar sordo”. “¿Tú crees?” pregunto sin respuesta alguna. Me levanto y escucho “tráeme unos chetos”. “Tienes problemas…” le contesto. ¿cómo le pueden gustar los chetos? Total. Voy al otro edificio mientras veo gente con llanto, gente hablando como doctores, gente callada…
Llego a la tiendita, “¿qué te doy?” escucho inmediatamente. Sonrió y digo “buenos días”. La chava se detiene un momento y me devuelve sacada de onda el saludo. Pido mis cosas, pago y sonriendo le doy las gracias. La chava sonríe.
Salgo hacia donde esta mi madre. Al llegar le entrego sus chetos y me siento.
Me toca.
Dicen mi nombre levanto la mano y sonriendo le digo que aquí estoy. A lo lejos escucho “mmmm el no se ve tan enfermo” volteo y veo a una señora viéndome extrañada, le sonrío y me voltea la cara. ¿Cómo puede la gente catalogar los problemas personales sobre los problemas de otros?. Pienso que el gran problema de todos nosotros es el no tener un control sobre los sentimientos.
La gente se comporta de diferente forma justificando su estado anímico como la causa de ese comportamiento, pidiendo disculpas diciendo “perdón, es que ya ves en que estado me encontraba”
Somos un pueblo de contrastes, tanto culturales, sociales y emocionales.
“Buen día señor Borboa, ¿cómo se siente?”. Volteó a ver el pasillo. “raro, doctor, raro”
Hay un gran sentimiento de desesperación que me llena al entrar al lugar, un silencio imperante, como si se tratará de el hecho de que todos saben que algo malo va a pasar.
Sentados en una hilera de sillas, esperando turno comienzan las miradas entre los que estamos sentados uno frente al otro. Viéndonos seriamente es raro que alguien te vea y te sonría. Parece una misión imposible, una misión prohibida.
Un lugar donde las personas tienden a estar serias despierta en mi la necesidad de platicar con alguien.
Volteo y veo a mi madre con la misma cara que todos. Se contagió. “¿te cuento un chiste?” le pregunto sin obtener respuesta. Me pongo los audífonos y tapea mi brazo, “bájale, te vas a quedar sordo”. “¿Tú crees?” pregunto sin respuesta alguna. Me levanto y escucho “tráeme unos chetos”. “Tienes problemas…” le contesto. ¿cómo le pueden gustar los chetos? Total. Voy al otro edificio mientras veo gente con llanto, gente hablando como doctores, gente callada…
Llego a la tiendita, “¿qué te doy?” escucho inmediatamente. Sonrió y digo “buenos días”. La chava se detiene un momento y me devuelve sacada de onda el saludo. Pido mis cosas, pago y sonriendo le doy las gracias. La chava sonríe.
Salgo hacia donde esta mi madre. Al llegar le entrego sus chetos y me siento.
Me toca.
Dicen mi nombre levanto la mano y sonriendo le digo que aquí estoy. A lo lejos escucho “mmmm el no se ve tan enfermo” volteo y veo a una señora viéndome extrañada, le sonrío y me voltea la cara. ¿Cómo puede la gente catalogar los problemas personales sobre los problemas de otros?. Pienso que el gran problema de todos nosotros es el no tener un control sobre los sentimientos.
La gente se comporta de diferente forma justificando su estado anímico como la causa de ese comportamiento, pidiendo disculpas diciendo “perdón, es que ya ves en que estado me encontraba”
Somos un pueblo de contrastes, tanto culturales, sociales y emocionales.
“Buen día señor Borboa, ¿cómo se siente?”. Volteó a ver el pasillo. “raro, doctor, raro”
7:28 p. m. |
Category:
Cronica
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