Cierro los ojos una vez más y antes de dormir, no puedo evitar mostrar una sonrisa. Pude escoger muchos caminos, pero escogí este que me demuestra que una frase que escuche, es una realidad: no existe la casualidad.

Existen diferentes partes de mi vida, en todos los frentes de batalla, que sigo arreglando día a día, por lo que uso la materia prima que se me pone a la mano. En estos momentos, no puedo quejarme con el material que estoy escogiendo.

Aquí me di cuenta que a veces debemos desaprender lo que tanto batallamos por memorizar desde primaria hasta la carrera. Desde cómo se nos trato, de forma buena o mala, hasta el objetivo de estudiar.

Si es solamente por pasar la materia, estamos en un problema.

Como alumno egresado, puedo encontrar algunas fallas que, al compartir con mis compañeros, inferimos en estos:

1) Los estudiantes están desmotivados: La cacería de la calificación que tanto nos enseñaron a cuidar, porque si esta es alta, tu eres inteligente; si es baja, eres un tonto. Muchos alumnos se estancaron en esa “compra-venta” de calificaciones sin querer aprender más, sino memorizar para pasar la materia y tener felices a todos. Nada más.

2) Algunos maestros caen en el “limbo” al ver que los ideales que tenían al empezar esta profesión se van derrumbando poco a poco, frustrándose y dando clases monótonas y aburridas. “Yo les voy a enseñar algunas cosas, que la vida los repruebe”…

3) Los padres creen que están haciendo un buen trabajo, solamente mandando a sus hijos al jardín de niños, primaria, secundaria, preparatoria o universidad. Esa es la máxima de responsabilidad y están cumpliendo su papel de padres ejemplares, porque en la escuela formaran a sus hijos en gente de bien para su familia y sociedad. ¿Será cierto?

Al estudiar la maestría en calidad de educación, descubrí algunas respuestas a estas fallas que no sólo están en el sistema, sino que también existen en el proceso educativo:

1) “Los estudiantes están desmotivados…”: Tal vez… estamos viendo lo que queremos ver. Muchos estudiantes no participan porque no ven un reto. Nadie quiere hacer lo que no le gusta hacer. Yo no veo la película “Crepúsculo” porque no me gusta, pero si leo a “Drácula de Bram Stoker”. Es lo mismo pero con diferente enfoque, pero algunos te dirán que uno es mejor que otro.

Después de recibir muchas criticas hacia sus gustos, cualquiera de los simpatizantes de ambas obras, no querrá comentar su punto de vista. Eso pasa en el aula. Si no se le da material para trabajar al estudiante y se le esta dando negativas a sus esfuerzos, este caerá en el circulo de pobreza dentro de los estudiantes que quieren pasar y no aprender. Simplemente vegetan en la clase.

Debemos fomentar la calidad del estudiante facilitando la información para que el estudiante aprenda y, más importante, adapte su información que aprendió y la reproduzca según su realidad.

Las calificaciones, son un punto importante a tratar. ¿Calificamos la capacidad de retención o lo aprendido? Ese numerito nos ataca a todos, hasta los de posgrado. Necesitamos una buena calificación para pasar, para mantener la beca, para que estén felices en mi casa… pero nunca para estar felices con nosotros mismos. Si lo que aprendemos, lo aprendiéramos para poder aplicarlo en nuestra realidad, todo sería muy diferente.

Otro caso sería el depurar a los alumnos que no cumplen con las expectativas. Algunos pasan los filtros porque consumen la información, la vomitan en un examen y no retienen ningún “nutriente”. ¿Qué debemos hacer? ¿seguimos con las evaluaciones donde con memorización lograran pasar el curso? ¿o comenzamos con evaluaciones practicas? Ahora, después de revisar lo aprendido en la maestría, creo que una evaluación apegada a la realidad es la mejor opción para evaluar si el alumno ha retenido y adaptado la información que le facilitamos. La vida no los va a evaluar, usaremos la vida para evaluarlos.

2) “Algunos maestros caen en el ‘limbo’”: Recuerda cuando estabas buscando tu primer empleo. Esas filas, la ansiedad y el horrible sentimiento de que después de 6 lugares visitados, te contestarán con un “no te ocupamos” o un “no nos llames, nosotros te llamaremos”. Esos sentimientos siempre están ahí, pero nosotros debemos estar concientes y preparados para ello.

No niego que es nuestro trabajo facilitar el conocimiento a los alumnos, pero también debemos explotar estrategias y ayudarnos entre los maestros. El tener un apoyo en todos los sentidos (sin caer en el encubrimiento de fallas) puede ayudar a los maestros antes de que en realidad se frustren.

Una fuerte estructura de maestros apoyados, escuchados y con un material de ayuda, no es prepararse para luchar contra el enemigo; sino capacitar para mejorar a nuestra gente. Creo que es algo que se olvido y ahora se ve a los estudiantes como el enemigo con el que los maestros deben luchar.

Es difícil, pero algunos podemos ser esa piedra que se hace avalancha.

También, en lo personal, creo que en el momento que la frase “Yo les voy a enseñar algunas cosas, que la vida los repruebe” pase por nuestra mente, es momento de hacer un ejercicio de conciencia y pensar si ser maestro es nuestro camino o debemos tomar un rumbo diferente.

3) “Los padres creen que están haciendo un buen trabajo…”: Toda actualización equivale a una capacitación. Protocolo básico en el cambio de software de un programa usado por un largo tiempo. Debemos concientizar a los padres de familia que la educación básica y más importante se encuentra en la casa. El maestro ni puede tomar el papel de padre.
El maestro puede ser, digo esto conciente de ser criticado, un amigo del alumno, un amigo “hasta las aras” (La Real Academia Española refiere el significado de esta frase a “amigo que profesa fina amistad a otra persona sin exceder los límites de lo justo y honesto.”) Pero la labor del padre y la madre no puede ser suplantada por otra persona. El mandar a un niño a estudiar para que se “forme” es una irresponsabilidad, una falta de respeto al niño y también es evitar la responsabilidad de educar a su o sus hijos e hijas tomando como excusa cualquier argumento que puede sonar valido.
Siempre hay tiempo para todo. Es su obligación hacer un tiempo.

Vuelvo a abrir los ojos sin dejar de sonreír y recuerdo ese día que cuando me preguntaron el por qué de querer ser maestro. Recuerdo responder con un “por qué necesitamos un cambio, necesitamos una nueva generación de maestros… necesitamos actualizarnos…”. Ahora veo que no era el único en pensar en la actualización cuando veo a las personas con las que comparto el aula cada fin de semana. Ahora veo porque se me esta dando esta oportunidad.

Se me dio porque soy parte de ese grupo de personas que “quiere educar personas, no perros de Pablov”. Porque a pesar de que muchos me vean como un comunicólogo sin título… soy parte de ese grupo que empezará cambiando su presente inmediato en el salón donde laboran o con la gente que capacitan, soy parte de aquellos que quieren ser extraordinarios en un mundo donde lo ordinario se premia.

Todo esto es lo que estoy aprendiendo, lo que he adaptado a mi presente y lo que quiero mejorar en mi futuro.

Tal vez tengan razón, no tengo un título, pero, ¿lo necesito para cambiar mi forma de ver las cosas?