“Es sólo un número, solamente es un número…” repetíamos múltiples veces varios de mis compañeros y yo cuando nos entregaban los resultados de las evaluaciones.

Era un sufrir el esperar qué número nos iba a tocar. Qué categoría era con la que se te iba a etiquetar: un miserable “seis”, un orgulloso “diez” o un mediocre “ocho”.

La evaluación didáctica ha sido una gran tradición en el proceso educativo del pasado y el presente, donde la calificación es el significado de lo que aprendiste, sin importar el ¿cómo?, esperando que las respuestas de esa pregunta sea “estudiando” y “aprendiendo” y no “memorizando”.

Nadie de nosotros estamos exentos de decir que memorizamos para un examen y a los pocos minutos de finalizada la evaluación, no recordáramos nada como si nuestro cerebro disociara un recuerdo traumático que nos acaba de suceder diciendo frases como “no me lo recuerdes”, “no recuerdo nada”, “¿cuál pregunta era la 5?”.

Esta evaluación es perfecta en un mundo donde la competencia esta a la orden del día, adjudicándole, en mi opinión, un status de mercancía al estudiante donde la calidad depende directamente de el numero que se le adjudico al final de el proceso educativo de la universidad, haciéndolo capaz o no de lograr los objetivos propuestos por la industria donde solamente se pide mejorar la producción sin importar el medio, desalojando al engrane que no sirve por uno nuevo, haciendo que la gran maquina siga funcionando óptimamente.

Tal vez estoy satanizando la forma de evaluación con la que hemos llegado hasta este momento al lugar donde estamos parados. Talvez porque veía cuan importante era esa calificación y veía que esa calificación te abría puertas que gente de 10 no aprovechaba o aprovechaba mal, porque no todos los “dieses” que están en tu salón de clases son inteligentes.

Existen diferentes formas para evaluar a los estudiantes de cualquier nivel escolar, tomándolas como evaluaciones alternativas que se enfatizan en trabajar las habilidades en lugar de resaltar los defectos, donde el maestro ve esos defectos y trabaja de forma tranquila en ellos.

De estas evaluaciones, mencionare dos que encuentro interesantes:

- Evaluación por habilidades: buscamos la integración de la capacidad con el contenido conceptual de la clase.

- Evaluación por desempeño: donde desde el principio se le presenta una problemática que ira resolviendo con respecto a lo que va a aprendiendo en clase.

Si. Es difícil tratar de cambiar un formato que siempre se ha llevado a cabo por mucho tiempo en nuestro país. Es difícil capacitar a personas que se niegan a cambiar con argumentos tales como “yo así he enseñado siempre”. Es difícil pero es nuestra opción.

Es muy fácil decir “no puedo cambiar al mundo” y cruzar las manos y dejar que el flujo siga hasta el abismo. Pudo haber sido fácil para Edward Jenner decir “es una plaga, hago como que atiendo y me cuido yo y cuido a mi familia”. Tal vez no veamos la inmensidad de lo que podemos lograr si tan sólo lo intentamos.

Si no, caeremos en el juego de la “escuelita” donde juego a calificarte y tu juegas a venir a clases y cumplir con tus tareas.

Encontrar la forma de mejorar, dejar de educar “perros de Pavlov” que babean por un número y por puntos extras simplemente por que respiraron en clase, educar personas preparadas no sólo para un país sino para entrar a un mercado mundial como empelados, supervisores, jefes, reporteros, comentaristas, embajadores, delegados, diputados, policías, soldados o médicos es nuestra responsabilidad social, así como la de los alumnos de abrir su panorama no sólo a la simpleza de un número, sino a la inmensidad de oportunidades de trascender en nuestra vida y mejorar nuestro mundo.

Puedes o no creer esto que estas leyendo.

Es tu decisión de creer.

Total, yo soy simple siete.